La Unión Europea avanza en la introducción de un cargador único para dispositivos

La Unión Europea trabaja en que el cargador USB tipo C sea el estándar de carga común de pequeños dispositivos eléctricos.

El proyecto tiene un tiempo pero ahora avanza con más fuerza, pues la Comisión de Mercado Interior y Proyección del Consumidor del Parlamento respaldó la propuesta y, de avanzar sin cambios, se podrá seguir con la votación final y posteriormente con las negociaciones con los países sobre las propuestas locales.

Entre los antecedentes, se menciona que en la última década “se redujo de 30 a tres el número de cargadores, aunque no pudo conseguirse una solución completa”. Por esto, se propone el USB-C como una suerte de cargador universal que sirva para smartphones, pero también para tabletas, cámaras, auriculares, altavoces portátiles y videoconsolas –los últimos se incorporaron en la más reciente versión.

La normativa se defiende desde su potencial beneficio en distintos niveles:

Para consumidores. Según un sondeo de la Comisión Europea, 84 por ciento de los consumidores señaló que experimentaron problemas relacionados con los cargadores de sus teléfonos en el último tiempo. Con la nueva ley, además, se desvincularán los dispositivos de los cargadores, permitiendo a los usuarios comprar un nuevo gadget con o sin el artefacto. El ahorro estimado para usuarios será de unos 250 millones de euros al año.

“Los consumidores europeos ya han experimentado suficiente frustración por los cargadores incompatibles que se acumulan en sus cajones. Hemos dado un amplio plazo al sector para encontrar las propias soluciones; llegó la hora de emprender una acción legislativa (…) que se ajuste a nuestras ambiciones ecológicas y digitales”, señaló la vicepresidenta Ejecutiva para una Europa Adaptada a la Era Digital, Margrethe Vestager.

Para el medio ambiente. La nueva normativa “limitaría el número de cargadores no deseados o sin utilizar”, lo que redundará en menos residuos electrónicos. Además, habrá una mejora en la información dirigida a los consumidores, que incluya rendimiento de carga, potencia y capacidad de carga rápida, entre otros. “Se calcula que los cargadores eliminados y no utilizados representan 11 mil toneladas anuales de residuos electrónicos”.

Para la fiscalización. Según el documento, la implementación de cambios en la normativa permitirá una mejor fiscalización, incluido aquí las garantías contra productos no reglamentarios o el incumplimiento de obligación de la información. Asimismo, “la armonización de la tecnología de carga rápida ayudará a evitar que los distintos fabricantes limiten injustificadamente la velocidad de carga y contribuirá a que la velocidad de carga sea la misma cuando se use un cargador compatible para un dispositivo”.

Para llegar a un cargador común se necesita una interoperabilidad plena en ambos extremos del cable: el dispositivo electrónico y la fuente de alimentación externa, que es en lo que trabaja ahora, en vistas a llegar a un documento definitivo. “Cada vez se venden más cargadores que no son intercambiables ni necesarios; vamos a poner fin a esta situación”, cerró el Comisario de Mercado Interior, Thierry Breton.

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